EXPERIENCIAS DE FE


Hemos dedicado esta pestaña a la publicación de experiencias de fe para aquellos fieles que quieran compartirlas con los demás

Una experiencia de fe es algo que nos sucede y que nos hace acercarnos más a Dioses Él quien actúa en nuestro ser pues sentimos su presencia en nosotros y en nuestro corazón. Por tanto, una experiencia de este sentido nos ayuda a confiar más en nuestro Señor, aumenta nuestra fe en Él y nos enseña a poder sentirlo en cualquier lugar, nos ayuda a sentir con más fuerza su presencia entre nosotros.

Una experiencia de fe puede ser personal o grupal, depende de donde estemos y con quien estemos, y depende también de nuestras necesidades. La experimentaremos allá donde Dios quiera que sintamos su presencia. Dios está siempre con nosotros, escuchándonos, apoyándonos y demostrándonos su infinito amor.

Si quieres contarnos algunas de tus experiencias de fe, puedes enviarlas a parroquiasantacruzlora@gmail.com

¡TE ESPERAMOS!


CUENTO: SOBRE EL BIEN HACER DE LA COMUNIDAD

Cuentan que en una carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y además, se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro, que siempre andaba midiendo a los demás según su medida, como su fuera el único perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuanto tomó la palabra el serrucho, y dijo: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos”.

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.



CARTA ABIERTA A MI COMUNIDAD CRISTIANA

Tengo que comenzar confesando que he nacido, me he educado, vivo y espero pasar a la otra vida, en el seno de la Iglesia Católica. Creo en ella y, a pesar de que frecuentemente la ofendo con mi pecado (por lo que pido perdón), la experimento como Cuerpo de Cristo. Siento la vida de los demás hermanos como complemento de la mía, aunque a veces con mi conducta no lo parezca.

Hoy siento la necesidad de decir en público, como se lo diría a mi madre, que amo a la Iglesia a pesar de todos los pesares, porque en ella se da la presencia viva de Cristo Resucitado, porque me trasmite la Palabra, me alimenta con el Pan de la Eucaristía, me incorporó a la vida de la gracia por el Bautismo, lava mis culpas con el sacramento del Perdón, me instruye e ilumina con sus enseñanzas, su Amor... y, sobre todo, está la fuerza del Espíritu que nos transforma y nos hace avanzar hacia el Padre.

Es cierto que, si miro en perspectiva su historia, veo que su parte humana, ha cometido y comete errores y, hasta pecados, pero también me consta que, esa acción del Espíritu a que antes me refería, la ha renovado y la renueva constantemente, permaneciendo bella y santa. Él es quien la limpia de esas manchas y la ilumina.

Desde esta expresión de mi fe y mi amor, deseo animarme yo y, animar a todos los que la formamos, a seguir cultivando la comprensión, el amor, y la unidad.

Un saludo fraterno.
Fdo. Mª Josefa Cano
Lora del Río, 17/11/17



TESTIMONIO DE PASTORAL DE LA SALUD:
'JOSÉ SE FUE CON MARÍA AUXILIADORA'

Se llamaba José, se llamaba y se llama José, porque creo que, aunque su cuerpo ya no está entre nosotros, él, su ser espiritual y verdadero, está vivo junto al Padre y en nuestro corazón.

Padecía cáncer. Su cara estaba desfigurada con múltiples tumores. Su aspecto era un dolor, pero en medio de aquel destrozo destacaban sus ojos, unos ojos vivaces y brillantes como las estrellas del firmamento, con una mirada inocente y alegre, como la de un niño. Sorprendía y emocionaba su actitud humilde y un gesto entre dulce y paciente. Era corto en palabras, seguramente por timidez, pero cuando te inclinabas a besarle, su mirada brillaba aún más y recibía la caricia con gusto y agradecimiento.

Era, de esos seres que transmiten paz (ni un mal gesto de dolor o desagrado), con la esperanza en alto porque, aunque sus padecimientos eran muchos, tenía una estrella en su horizonte; sí, han oído bien, tenía una estrella, una luz deslumbrante que le atraía y le llamaba: era María, María Auxiliadora. Nos quedamos sin saber qué vivencia interior alentaba tal devoción, tan honda la guardaba, pero lo cierto es que su mayor anhelo era ponerse bien para ir a visitarla.

Junto al enfermo su esposa Dolores y su hija Manuela. Dos personas que, con su hacer abnegado y amoroso han sido un ejemplo para nosotras, las voluntarias de Pastoral de la Salud. Su emoción fue grande cuando, en los últimos días, les visitamos en el hospital y después, tras el fallecimiento de José, nos han brindado su amistad y cariño para siempre: "Las puertas de nuestra casa estarán siempre abiertas para Vds”.

Querido José, gracias por habernos dado tanto con tu ejemplo de paciencia, humildad y amor a María. Seguramente Ella, Auxilio de los cristianos, Consoladora de los afligidos, ya, de la mano, te habrá conducido hasta el Padre. Siempre estarás vivo en nuestros corazones.